Breaking Bad: la tragedia del cambio

Technically, Chemistry is the study of matter, but I prefer to see it as the study of change. Con esa frase, Walter White explica a sus alumnos lo que es la química, y también lo que sería su devenir como personaje principal de Breaking Bad. Un proceso de cambio que finalizará este domingo y del que hemos podido ser espectadores. O puede que no hayamos sido solamente espectadores del mismo, sino reflejo de él. Al fin y al cabo, Walt pasó de ser un hombre corriente, un profe de instituto, un padre de familia… a convertirse en un capo del narcotráfico. Pasó de ser una persona normal, como tú y como yo, a ser un personaje de televisión.

Si algo hace distinta a esta serie es la facilidad para ponerse en el pellejo de Mr. White. O mejor dicho, ¿no estamos ya dentro de ese pellejo? Diagnosticado con una enfermedad tan terrible y por desgracia común como el cáncer, con problemas económicos para poder costear su tratamiento; ninguneado injustamente por el sistema, en el que la meritocracia cada vez brilla más por su ausencia; cargado de responsabilidades al pensar en su familia, lo más importante para él en su vida. Walter White es una persona de lo más normal, o más bien, lo era. El factor que dinamitó su transformación y que lo bautizó como Heisenberg fueron sus conocimientos de química, la ciencia del cambio y la excusa o vehículo argumental de esta serie.

¿Habríamos tomado las mismas decisiones que Walter si hubiésemos estado en su situación? No lo sabemos, pero en su caso, el cambio fue notable. Pasó de tener timidez cuando su cuñado Hank le prestó su arma reglamentaria a llevar un rifle de asalto en el maletero, de ser abogado del diálogo para solucionar problemas a contratar a mercenarios que los solucionasen por él, de mostrar piedad repetidas veces por un narco esposado en el sótano de su casa a asesinar a punta de pistola, de que la familia fuese lo más importante para él a perderse el nacimiento de su hija por entregar un cargamento de droga, de estar feliz por haber conseguido el dinero suficiente para su familia y decir I’m down a encontrar a un imitador suyo y decirle Stay out of my territory, de intermediar entre Jesse y Gus por los problemas éticos de usar a niños en el negocio a envenenar al pequeño Brock, de que su objetivo principal fuese Provide for the family a que su preocupación pasase a ser Protect the family, protejerla de los peligros a los que él mismo había dado pie.

Puede que la vida no sea un guión de TV, pero merece la pena vivirla por los escasos momentos en los que se asemeja a uno. Es lo que me digo a mí mismo en muchas ocasiones. En el caso de Walter White, su vida pasó a ser un guión de ficción en su totalidad. Abandonó el mundo de la gente del montón para habitar en el olimpo de la acción televisiva, como los héroes de las tragedias griegas cuando desafían al poder divino a través del híbris. Un don nadie que, de repente, se ve acompañado de un abogado que hace magia legal con sólo chasquear sus dedos, trabajando para una empresa de comida rápida que esconde drogas en los cubos del rebozado, perseguido por dos gemelos matones que parecen sacados de un cómic y ataviados con trajes color plata, explotando un coche en una gasolinera mientras se aleja de la escena dándole la espalda, y atracando el vagón cisterna de un tren a contrarreloj porque está a punto de ser descubierto. Todos esos momentos no corresponden a los de la vida de una persona corriente, y es aquí donde muchos quieren ver el defecto de Breaking Bad. Piensan que es poco realista, que peca de excesos, que tiene demasiadas escenas de acción y persecución arquetípicas, como si eso fuese síntoma de ser un producto de ficción de segunda.

Lo que no comprenden es que, por mucho realismo que se le intente dar a un producto de ficción, nunca dejará de ser eso mismo: ficción. El cuarto muro seguirá en pie. Los dramaturgos de la Grecia clásica eran conscientes de ello, y por eso impregnaban sus obras de mímesis: imitación de la realidad. También sabían que imitación no es lo mismo que representación: la primera es consciente de su naturaleza ficticia, la segunda tiene una venda en los ojos y se cree real. La gran ventaja de una obra de ficción mimética es ser consciente de sus excesos y usarlos en su propio beneficio, para exaltar el mensaje de la obra y convertir esos, llamados por algunos, defectos en rasgos distintivos. Breaking Bad tiene muchos de ellos, como los que he enumerado en el anterior párrafo. No podemos decir lo mismo de otras series de TV, que se autoengañan al imitar una falsa realidad.

Como buena tragedia griega, Breaking Bad hace que el espectador experimente el pathos del protagonista, y se sienta identificado con él. Sin embargo, Walter White ha pasado a ser víctima de su propia híbris, de su orgullo desmesurado, y de pensar que podría quedarse a vivir eternamente en un mundo que no le corresponde. En múltiples ocasiones intentó escapar del mismo, pero el destino o las acciones de su propio pasado se lo impidieron.  Rechazó una oferta inicial de Gustavo Fring para trabajar con él, pero su familia, que hasta ese momento era su principal preocupación, se alejó de él con la petición de divorcio de Skyler y sus hijos viviendo en casa de Hank y Marie, para protegerlos de su propio padre; intentó encargarle una segunda vida para él y su familia a Saul Goodman, pero Skyler se había deshecho del dinero necesario para ello; le comunicó a Skyler que finalmente estaba fuera del negocio, pero Hank descubrió la auténtica identidad de W.W. mientras estaba sentado en la taza de váter de su propia casa.

Ahora, Walter White ha dejado su whiskey a medio beber encima de la barra de bar y quiere dar un último golpe en la mesa. No sabemos aún cómo terminará, pero de lo que podemos estar seguros es de que al cerrar el telón de esta tragedia titulada Breaking Bad los espectadores habremos pasado por nuestra catarsis personal. Siempre habrá algo de esta serie que nos acompañará durante mucho, mucho tiempo. Como una buena lección sobre la vida.

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Acerca de pepelessar

Ya me conoces como Pepecar™ y Pepephone™. Ahora doy el salto al mundo Tolkieniano.

Publicado el septiembre 27, 2013 en Breaking Bad, Pequeña pantalla y etiquetado en , , , . Guarda el enlace permanente. Deja un comentario.

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